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Dominio

La perfección me es tan ajena. 
Y tú que pensabas que era mía. 
Pero el dominio de las cosas no es lo mío. 

Buscas lo que no tengo. 

(Era cuestión de tiempo para que encontraras lo que yo no tengo)
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Los tres

Nos sentamos en un banco los tres. Al principio hubo un silencio incómodo. Minutos después, ustedes empezaron a hablar y sus bocas se movían como en un paraíso idílico: belleza y amor. Sus frases enlentecían con cada palabra pomposa que pronunciaban, y sus labios demoraban cada vez más en abrirse y cerrarse. Era como si el mundo hubiera querido reproducir su imagen en cámara lenta sólo para deleitarse con aquella conversación.

A su lado, yo me miré los pies. Inconscientemente, acerqué la mirada sobre mi carne y pude ver cómo cada poro de mi piel se abría para botar sudor sucio y salado. Vacío. La imagen era de miles de hoyuelos  en mis brazos, piernas y manos por los que todo aquel líquido salía estrepitosamente. Me acerqué más y me percaté de que ahora expelía sangre. Mi cuerpo se transformó en una fuente de color rojizo y olor putrefacto. 

Nada qué hacer.

Martillo

Que ingenuo pensar que yo era el cristal que se podía quebrar. Siempre fuiste tú. 
Yo solo era la destrucción con cara de delicadeza.


Perdón.
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Anteojos

¿Qué necesito para verte?

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Entré a la vida de mierda.

Estoy explorando.
Estoy dentro de un mundo del cual soy parcialmente parte.
No me gusta.
Hasta ahora es divertido. Lo observo todo como un espectador curioso.






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Esconderme

Esconderme en un traje de animal, bien adentro. Irme sin que se den cuenta que yo soy la que me escapo. Esconderme bien bien adentro. Irme. 



Irme.
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Luis y Lucía


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