Heladería



Debía entregar aquel ensayo en 20 minutos. Sabía que seguramente el profesor se enfadaría por el retraso, pero que igualmente reconocería el trabajo, que se supone, ella había realizado incansablemente durante semanas.

Tomó la 403 hacia la universidad, calculaba que demoraba entre 15 y 20 minutos si es que la suerte la acompañaba y más de media hora si es que, según ella, el mundo se ponía en su contra ese día.

Manoseó el fajo de hojas con un poco de nerviosismo, leyó el mismo párrafo 3 veces y se dio cuenta que no lo estaba entendiendo. Por eso volvió a mirar el reloj, hizo una mueca de desagrado hacia un señor que le miraba poco sobriamente sus jeans un tanto apretados, seguidamente se acomodó en aquellos asientos que la dejaban mirando hacia el fondo de la micro.

Pasada la calle Seminario, se percató de que una nueva heladería estaba instalada en una esquina. Sentía sed y hambre al mismo tiempo, una sensación perfectamente saciable por un helado un lunes por la mañana.

La sedujeron los colores de las mesas nuevas en la terraza del local y el olor de las lavandas que adornaban el entorno de la heladería, que entraba por las ventanillas de la máquina andante. Se bajó de la micro y ya no le importaba entregar su ensayo a tiempo. Caminaba hacia la heladería pensando que si tan solo tuvieran helado de mora, su lunes podría ser un poco más perfecto que el anterior.

Llegó a Seminario con Irarrázaval y no había heladería alguna, ni colores vivos, ni menos olor a lavanda, pero ella no siguió su camino hacia la universidad, tampoco a casa.

Fingió que tomaba un helado de moras, el cual recreó con las hojas de su ensayo y caminó lo que le quedaba de vida.





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El organillero






Le gustaba la música del organillero porque no tenía estructura alguna. A veces la gente pasaba y le molestaba escuchar tal extraña forma de expresión. Lo peor era aquella grotesca imagen de un organillero pordiosero y sin sentido.

Sin embargo, a ella le encantó. Bastó una canción mal tocada para que él se la llevara a París. Nunca más los volvieron a ver.











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cerca

estoy aquí,
te oigo.
y cada cosa
que dices
es como
una realidad
para mí.
y
ya no queda
más que

escucharnos...
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Y aún así

Nos quedan tantas texturas que crear, tantas no-palabras que callar, tantas risas que ahogar, tantas mariposas que no ver, tantos libros que quemar , tantas ideas que apaciguar, tantas manos que plasmar en nuestro recuerdo, tantos caracoles que dibujar en los cuadernos, tantas frutillas que comer con sal...


Y aún así perdemos el tiempo no-significando.


Piedra

Eres como una pequeña, muy pequeña piedra en el zapato.
Piedrecita, te lo digo, con zapatos nuevos ya no deberías querer quedarte.
Piedrecita, no importa cuanto más quieras estar pegada a mi talón, igual sigues siendo una piedra.


(Las piedras son espacios del pasado )
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Mi exepción

Cómo llegamos aquí?
losdosenelmismolugar
en que momento sucedió todo?
( aunquetodocontigosiempreserápocoparami )
y no importa cuan "r á p i d o " pase la vida contigo
no me da miedo que el reloj pretenda correr cerro abajo
lo que me da miedo es que en nuestra rapidez te vayas ( rápido también ) sin haber alcanzado a verte
( una de esas vistas en que nunca más olvidas cuantos lunares tiene una persona en la cara )
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Hay días...

Hay días en que los ruidos de las micros que no fueron nunca reparadas dejan de sonar.
En que la voz de un cantante poco talentoso se hace amena.
En que la rutina no afecta más al cuerpo cansado
En que por algunos segundos viajas a países europeos sin darte cuenta para luego volver a la verdad santiaguina.
En que no necesitas un sacerdote para casarte, sino una vendedora de completos en la calle.
En que ya no basta la felicidad mediocre.


pero también hay días sin tí.
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