0

En el aire

Cuando el mundo tira para abajo
Es mejor no estar atado a nada
Imaginen a los dinosaurios en la cama



0

Dist ancia

La omisión es expresiva,
Azota peor que una mano enajenada.

La búsqueda de tu acción es infructuosa,
pues devela que no hay motor que ponga las cosas en marcha.

Tú esperas tener el coraje.
Yo espero que tú nunca lo tengas,
Estúpidamente.

Perro de cráneo afuera

Un perro simula que duerme. La luz inútilmente cálida de invierno toca los ásperos pelos de su cuerpo, todos de distintos colores y tamaños, pues nunca alguno de ellos pudo encontrar un origen definido. El color de su lomo desagrada a los ojos del habitante citadino, acostumbrado a ignorar toda aquella estética que no involucre simetría y pulcritud. 

Solo el transeúnte que voltea su vista para confirmar la aparente realidad, después de ver que el cuerpo canino yace al costado de la berma por la que corren máquinas veloces, puede percatarse de que una cara de sueño profundo y un acurrucamiento onírico no hacen más que ocultar la belleza fatal de aquella imagen: por alguna razón más evidente que desconocida, el can ha decidido sacarse el sombrero frente a los humanos mostrando su cerebro en una irónica forma de celebración a la vida. Del hueco sangrante brota solo uno (y perfecto) chorro de sangre que termina por caer acomodadamente en el cemento. 

0

Dominio

La perfección me es tan ajena. 
Y tú que pensabas que era mía. 
Pero el dominio de las cosas no es lo mío. 

Buscas lo que no tengo. 

(Era cuestión de tiempo para que encontraras lo que yo no tengo)
0

Los tres

Nos sentamos en un banco los tres. Al principio hubo un silencio incómodo. Minutos después, ustedes empezaron a hablar y sus bocas se movían como en un paraíso idílico: belleza y amor. Sus frases enlentecían con cada palabra pomposa que pronunciaban, y sus labios demoraban cada vez más en abrirse y cerrarse. Era como si el mundo hubiera querido reproducir su imagen en cámara lenta sólo para deleitarse con aquella conversación.

A su lado, yo me miré los pies. Inconscientemente, acerqué la mirada sobre mi carne y pude ver cómo cada poro de mi piel se abría para botar sudor sucio y salado. Vacío. La imagen era de miles de hoyuelos  en mis brazos, piernas y manos por los que todo aquel líquido salía estrepitosamente. Me acerqué más y me percaté de que ahora expelía sangre. Mi cuerpo se transformó en una fuente de color rojizo y olor putrefacto. 

Nada qué hacer.
Back to Top